La Bendición del Bautismo

“Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo. Según nos eligió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor. Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo a sí mismo, según el puro afecto de su voluntad.” (Efesios 1:3-5)

INTRODUCCIÓN

Si preguntáramos qué es el bautismo, muchos dirían que es la convicción de la fe en lo que hemos creído; otros dirían que es el pacto que uno hace con el mismo Dios; algunos dirían que es el dejar el viejo hombre y renacer en un hombre espiritual; otros cuántos dirían que es bajar a las aguas para limpiar nuestra conciencia e iniciar una nueva vida hacia la vida eterna; éstas y otras explicaciones son las que se darían a dicha pregunta, pero el Apóstol Pablo nos descifra el verdadero significado del bautismo, que más adelante se anotará.

En el texto base encontramos al Apóstol Pablo glorificando a Dios por bendecirnos de una forma espiritual, por ser elegidos desde la fundación del mundo; es decir, ser predilectos y afortunados, para que seamos santos y sin mancha; pero sobretodo, ser adoptados como hijos, así como el mismo Cristo, que es su Hijo. Apreciable hermano, en este artículo, me enfocaré en dos aspectos esenciales, los miembros bautizados y los simpatizantes (no bautizados).

Si usted es de los miembros bautizados, recordará el momento en que hizo éste acto de convicción, y la forma que ha desarrollado y procurado mantener su vida en santidad, el voto que hizo con Dios, el acto de arrepentimiento para dejar la mundanalidad y proseguir las cosas espirituales con el fin de alcanzar la vida eterna.

Pero si usted es de los simpatizantes, sus razones tendrá para no dar este paso. Mencionare algunas que justifican el aún no hacerlo: 1) llevar poco tiempo en el evangelio; 2) ser menor de edad; 3) aun no le explican o no ha escuchado sobre éste tema. Si no mencioné su razón, lo invito a que reflexione las siguientes preguntas, ¿Qué es lo que me ha impedido dar este paso tan importante y buscar la gracia de Dios? ¿Creo no superar las tentaciones después del bautismo?, ¿Creo que no estar preparado o no tener la madurez para este paso? ¿Creo no cumplir con todos los mandamientos de Dios o se me hace pesado el evangelio? Preguntas que son necesarias para que usted tenga respuesta a cada una de ellas, y no por su servidor, sino por el mismo Dios.

DESARROLLO

El bautismo es limpiar nuestra conciencia, si es que hubo pecado; es la confirmación de nuestra fe, es tomar y aceptar la voluntad de Dios y su doctrina. Cristo lo cumplió, no por ser pecador, por el contrario, él lo hace para cumplir la palabra de Dios: “Mas Juan le resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti y ¿tú vienes a mí? Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó.” (Mateo 3:14-15) También lo hace, para enseñanza de que es necesario nacer de nuevo, haciendo hincapié a Nicodemo, la importancia del bautismo para entrar en el reino de Dios. “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Mateo 3:5)


Siguiendo el texto base, el Apóstol Pablo hace referencia a la inigualable bendición de Dios, siendo ofrecida por medio de su Hijo Jesucristo al ser crucificado por la humanidad, pero sólo algunos logran alcanzar está bendición (Efesios 1:3-8). El bautismo no es para niños inocentes, al contrario son para hombres que reconocen sus errores y que buscan la redención de Dios por medio del sacrificio de Cristo. No olvidemos que desde que creímos somos sellados con el Espíritu Santo, ya que el Espíritu hace redargüir nuestra conciencia y reconocer nuestros pecados para limpiarnos por medio del bautismo y ser justificados para nuestro Dios, para aspirar a la vida eterna (Efesios 1:13-14).

Hay ocasiones que algunos hermanos se bautizan para ser reconocidos como hijos de Dios en las congregaciones; sólo que en pocas circunstancias, no miran ni prevén lo que en su vida cambiará; es decir, la búsqueda y el esfuerzo para mantenerse en santidad, el constante estudio de la palabra de Dios para no caer en tentación, el anhelo de orar para estar en comunicación con Dios, el alabar y bendecir a Dios sobre cualquier circunstancia, el mantener y practicar los dones del espíritu como hijos de Dios (entre otras cosas que no se anticipan); y sólo creen que por el hecho de bautizarse, ya todo lo demás se cumplirá automáticamente, o que ya hicieron su parte y Dios hará el resto. Por el contrario, debemos dar gracias a nuestro Dios por la oportunidad que nos ha dado para conocer el evangelio; que hemos sido elegidos y amados para la santificación, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo; que hemos recibido la consolación eterna y buena esperanza de gracia manteniendo la firmeza de su doctrina (2ª Tesalonicenses 2:13-17).

En ocasiones, se ha notado que no se le da el debido valor o la importancia a este acto sublime, que implica el nacimiento de un hombre nuevo, el ser anotado en el libro de la vida, el haber sido perdonado por Dios y ser justificados por el sacrificio de su Hijo, el mantener limpia la vestimenta, etc.; por todo lo anterior, hay hermanos que deciden mejor, no bautizarse para no caer en pecado (sin pensar que están desechando la vida eterna); escudándose en la misma palabra de Dios diciendo que “no hay justo ni aun uno.” (Romanos 3:10), sin entender que el Apóstol Pablo no lo declara con el hecho, de los que se bautizan, sino de lo que estaba escrito, que no había quien hiciera lo bueno, ni quien buscara a Dios, y que derivado de la iniquidad del hombre, Dios encareció su justicia (Romanos 3:5).

La palabra de Dios manifiesta que desde que somos bautizados, somos hallados justos delante de Dios (por el sacrificio de su Hijo), a partir de ahí depende de cada hermano seguir manteniéndose justo delante de Él.

Siguiendo el orden de las preguntas que se plantearon para reflexión de los hermanos que no han sido bautizados, se les dará respuesta con la misma palabra de Dios.

¿Qué es lo que me ha impedido dar éste paso tan importante y buscar la gracia de Dios?

Posiblemente ya haya sido contestada con el comentario de que hay hermanos que no han mantenido el pacto con Dios, que se han alejado del evangelio o que han pecado deliberadamente y que usted tiene temor de que le pase de la misma manera, no se preocupe, no olvide que si a usted se le ha hecho el llamado, no se niegue; todo lo contrario, bendiga a Dios por esa oportunidad que le ha dado, recuerde lo que Cristo le dijo a los discípulos “Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron” (Mateo 13:17). Usted es dichoso por la oportunidad de que el evangelio llegó a sus oídos, habrá o habría hombres que hubieran deseado escuchar la palabra de Dios, pero no les fue ni es posible por no ser electos por Dios.

¿Creo no superar las tentaciones después del bautismo?

La sagrada Escritura nos alienta para conocer y saber que somos bienaventurados si sufrimos las tentaciones y triunfamos sobre ellas. Pero también es clara al aseverar que Dios no tienta a nadie, sino que somos tentados por nuestra propia concupiscencia (Santiago 1:13-15), por esa razón le reitero que debemos estudiar la palabra de Dios, practicar la oración y dejar la ociosidad, porque es la que fomenta nuestra debilidad espiritual. Sin embargo, el Apóstol Pablo menciona “No os ha tomado tentación, sino humana; más fiel es Dios; que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar” (1ª Corintios 10:13). No se contrapone, lo que quiere decir, es que si de nosotros está la voluntad de mantener nuestra santidad, Dios nos dará los medios y la salida para no pecar. No dude en bautizarse si su confianza está en Dios.

¿Creo que no estar preparado o no tener la madurez para éste paso?

Todos tenemos como ejemplo fiel y justo al Apóstol Pablo, siendo imitador de Cristo, pero el declaraba “No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fui también alcanzado por Cristo Jesús” (Filipenses 3:12). Quiere decir, que no por ser bautizado ya seamos inmunes al pecado o tengamos todo el conocimiento de Dios, al contrario es una búsqueda y reconocimiento de continuar con nuestra superación espiritual, lea Filipenses 3:13-17 para tener una mayor confianza, como lo hizo el Apóstol Pablo.

¿Creo no cumplir con todos los mandamientos de Dios o se me hace pesado el evangelio?

Se puede considerar casi la misma respuesta de la pregunta anterior, pero una cosa sí debe de saber y que posiblemente sea la más notable y dañina para su vida, no lo digo para juzgar, sino para que considere la causa de lo que dice la palabra de Dios “El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace” (Santiago 4:17). Si usted ya lleva tiempo de conocer el evangelio o la palabra de Dios y no se ha dado la oportunidad de recibir está bendición de Dios, se está juzgando usted mismo, es como si negara la fe de Jesús, “Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:33). No olvide que uno de los requisitos para heredar la vida eterna o entrar en el reino de Dios es “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16). Primero se señala que al que cree, le es necesario bautizarse, no le basta sólo el creer; y segundo, habla de aquellos que por efecto de no creer, ya han sido condenados por la dureza de su corazón. (Romanos 2:5)

CONCLUSIÓN

Recapitulando, nos damos cuenta que el bautismo es una bendición de Dios para todo aquel hombre que ha recibido el evangelio y que acepta el compromiso y la convicción de la fe de Cristo, por lo tanto se debe de agradecer y valorar en la medida de que somos predestinados, predilectos desde la fundación del mundo, sobretodo que Cristo padeció por nosotros para que sigamos su camino y nos ha librado de la muerte (1 Pedro 2:21-22, 24).

Hermanos que aún no se han bautizados, no tengan duda ni miedo a no soportar las aflicciones, al contrario esfuércense y pidan ayuda a Dios que Él proporcionará lo que necesiten.

A los que somos bautizados, sigamos en la firmeza de nuestra fe y de la vocación por la cual hemos sido llamados, ayudando a los hermanos que son débiles o flacos, no buscando obligar que se bauticen; recuerden que debe ser un acto de plena convicción.

Por último, Dios, en 1ª Pedro 5:6-11 nos deja un consejo que nos ayudará tanto a los que no han sido bautizados como a los bautizados, para conocer y saber qué debemos hacer y lo que el mismo Dios nos dará si cumplimos con su voluntad. Dios les bendiga.

Diác. José Antonio Serna Antolino

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